Blanca's profileEspacio de RIBERABLANCAPhotosBlogListsMore Tools Help

Blog


    PÉTALOS DE SUEÑO

     

       

    PÉTALOS DE SUEÑO

     La felicidad son pétalos de años que la vida nos pone en nuestras manos para convertirla en una rosa.  La buscamos a nuestra medida, y le fabricamos un entorno irreal que no tiene.  La soñamos más que la vivimos... y muchas veces, llevándola dentro, la sacamos fuera y la desfiguramos en un ambiente de superficialidad.  Es intimidad en el amigo, luz en el hogar;  es detalle, beso, sonrisa, flores, cielo, mar.

     

    Es verdad que la felicidad no es siempre estable, fija, duradera. Más bien parece un parpadeo, una luz que dura minutos, como huecos de trecho en trecho en una red muy tupida.  Los sufrimientos, en cambio, parecen un beso que se estanca, se posiciona, adueña, se queda.

     

    Si no se agota en ti la resistencia de la voluntad, ni la fuerza de las emociones, ni el hambre de aventura, ni la frescura de los hondos manantiales de la vida, has conocido la felicidad.

     

    Si los golpes no te rompen la fe, si la indiferencia no te cierra las manos, si el egoísmo y la avaricia no te secan los sentimientos y llegas al fin con capacidad de emoción, de llanto, de perdón, de ternura, de plegaria, de luz, has conocido la felicidad.

     

    Autor desconocido

     

     

    JUVENTUD

    Image and video hosting by TinyPic  Image and video hosting by TinyPicImage and video hosting by TinyPicImage and video hosting by TinyPicImage and video hosting by TinyPic

     

    JUVENTUD

     

    La juventud no es una época de la vida.

    Es un estado de la mente.

    Es una demostración de la voluntad.

    Una cualidad de la imaginación, el vigor de las emociones,

    el predominio del valor sobre la timidez;

    el deseo de aventuras,

    en contraste con el deseo de comodidad.

     

    Nadie es viejo por solo haber vivido un cierto número de años.

    Se envejece solamente cuando se abandonan los ideales.

    Los años arrugan la piel;

    renunciar a los ideales encoge el alma.

     

    La inquietud, la duda, la falta de confianza, el temor y el la falta de esperanza ... son los factores que al cabo de largos años hacen inclinar la cabeza y encaminar el espíritu hacia el ocaso.

     

    Que se tengan 70 o 16 años, hay siempre en todo corazón humano,

    el amor a lo maravilloso, la dulce admiración por las estrellas y por todo lo que irradie luz, sean acciones o pensamientos,

    el intrépido desafío de los acontecimientos,

    el inagotable e infantil apetito del

    ¿Que viene después?

     

    Uno es tan joven como su confianza,

    tan viejo como su temor;

    tan joven como su esperanza,

    tan viejo como su desesperación.

     

    Mientras que tu corazón recibe mensajes de belleza,

    de alegría, de intrepidez, de magnificencia y de poder,

    de la tierra, de los hombres, y del infinito,

    eres joven.

     

    Cuando todos los resortes se han aflojado

    y todos los rincones del corazón están cubiertos por la nieve del pesimismo y el hielo del cinismo,

    entonces, y solo entonces,

    habrás llegado realmente a viejo,

    y, llegado  este momento,

    que Dios tenga misericordia de tu alma.

     

    El autor:96 años.

     

    Texto que el General Mac Arthur tiene grabado

    en una placa de su despacho ,entre los retratos de Washington y Lincoln.

     

    ViT@MiNaS PaRa eL AlmA

     

    NECESITABA UN ABRAZO

     

    NECESITABA UN ABRAZO

     

    Hace veinte años, yo manejaba un taxi para vivir.  Lo hacía en el turno de la noche y mi taxi se convirtió en un confesionario móvil.  Los pasajeros se subían, se sentaban atrás de mí en total anonimato, y me contaban acerca de sus vidas.  Encontré personas cuyas vidas me asombraban, me ennoblecían, me hacían reír y me deprimían.  Pero ninguna me conmovió tanto como la mujer que recogí en una noche de agosto.

     

    Respondí a una llamada de unos pequeños edificios en una tranquila parte de la ciudad.  Asumí que recogería a algunos saliendo de una fiesta o a un trabajador que tenía que llegar temprano a una fábrica de la zona industrial de la ciudad.  Cuando llegué a las 2:30 am el edificio estaba oscuro excepto por una luz en la ventana del primer piso.  Aunque la situación se veía peligrosa, yo siempre iba hacia la puerta.  Este pasajero debe ser alguien que necesita de mi ayuda, razoné para mí.  Por lo tanto caminé hacia la puerta y toqué... "un minuto" respondió una voz frágil.  Pude escuchar que algo era arrastrado a través del piso.  Después de una larga pausa, la puerta se abrió.

     

    Una mujer pequeña de unos ochenta años se paró enfrente de mí.  Llevaba puesto un vestido floreado, y un sombrero con un velo, como alguien de una película de los años 40"s.  A su lado una pequeña maleta de nylon.  El departamento se veía como si nadie hubiera vivido ahí durante muchos años.  Todos los muebles estaban cubiertos con sábanas, no había relojes en las paredes, ninguna baratija o utensilio.  En la esquina estaba una caja de cartón llena de fotos y una vajilla de cristal. 

     

    La señora repetía su agradecimiento por mi gentileza.

    -    No es nada, -le dije-. Yo sólo intento tratar a mis pasajeros de la forma que me gustaría que mi mamá fuera tratada.

    -    No, estoy segura de que es un buen hijo, -dijo ella-.

     

    Cuando llegamos al taxi me dio una dirección, entonces preguntó:

    -    ¿Podría manejar a través del centro?

    -    Ese no es el camino corto, -le respondí rápidamente-.

    -    No importa, -dijo ella-.  No tengo prisa, estoy camino del asilo.

     

    La miré por el espejo retrovisor, sus ojos estaban llorosos.

    -    No tengo familia, -continuó-, el doctor dice que no me queda mucho tiempo de vida.

     

    Tranquilamente estiré mi brazo y apagué el taxímetro.

    -    ¿Qué ruta le gustaría que tomará? -le pregunté-.

     

    Por las siguientes dos horas manejé a través de la ciudad.  Ella me enseñó el edificio donde había trabajado como operadora de elevadores.  Manejé hacia el vecindario donde ella y su esposo habían vivido cuando ellos eran recién casados.  Ella me pidió que nos detuviéramos enfrente de un almacén de muebles donde una vez hubo un salón de baile, al que ella iba a bailar cuando era joven.  Otras veces me pidió que pasara lentamente enfrente de un edificio en particular o una esquina;  miraba en la oscuridad, y no decía nada.  Con el primer rayo de sol apareciéndose en el horizonte, ella repentinamente dijo:

    -    Estoy cansada, vámonos ahora.

     

    Manejé en silencio hacia la dirección que ella me había dado.  Era un edificio bajo, como una pequeña casa de convalecencia, con un camino para autos que pasaba bajo un pórtico.  Dos asistentes vinieron hacia el taxi tan pronto como pudieron.  Ellos debían haber estado esperándola.  Yo abrí la cajuela y dejé la pequeña maleta en la puerta.  La mujer estaba lista para sentarse en una silla de
    ruedas.

    -    ¿Cuánto le debo?, -preguntó ella-, buscando en su bolsa.

    -    Nada, -le dije-.

    -    Tienes que vivir de algo, -respondió-.

    -    Habrá otros pasajeros, -le respondí-.

     

    Casi sin pensarlo, me agaché y la abracé.  Ella me sostuvo con fuerza, y dijo:

    -    ¡Oh, necesitaba un abrazo!

     

    Apreté su mano, entonces caminé hacia la luz de la mañana.  Atrás de mí una puerta se cerró, fue un sonido de una vida concluida.  No recogí a ningún pasajero en ese turno, manejé sin rumbo por el resto del día.  No podía hablar, ¿Qué habría pasado si a la mujer la hubiese recogido un conductor malhumorado o alguno que estuviera impaciente por terminar su turno?.  ¿Qué habría pasado si me hubiera rehusado a tomar la llamada, o hubiera tocado el claxon una vez, y me hubiera ido?.

     

    En una vista rápida, no creo que haya hecho algo más importante en mi vida.  Estamos condicionados a pensar que nuestras vidas están llenas de grandes momentos, pero los grandes momentos son los que nos atrapan bellamente desprevenidos, en los que otras personas pensarán que sólo son pequeños momentos. 

     

    Las personas tal vez no recuerden exactamente lo que tú hiciste o lo que tú dijiste... pero siempre recordarán cómo los hiciste sentir.

     

    Autor Desconocido   

     

    SED FELICEDS AMIGOS QUE ES GRATIS

    Image and video hosting by TinyPic

    ¡¡Sed felices, amigos, que es gratis!!

    Easy Free Borders from TagBot Borders

    Con motivo de la fiesta de LA ASUNCIÓN

     

     

     

    Querido/a amigos/a: Con motivo de la fiesta de LA ASUNCIÓN  te ofrezco descargarte 2 presentaciones de power point que tienes a tu disposición en  mi página:

    http://corrientita.iespana.es/

     

    Espero que sean de tu agrado y se las envíes a tus contactos.

    Os deseo un feliz día de LA ASUNCIÓN.

     

    24 PEQUEÑAS MANERAS DE AMAR

     

     

    Cuando a la gente se le habla de que
    «hay que amarse los unos a los otros»
    son muchos los que se te quedan mirando
    y te preguntan:

    ¿y amar qué es: un calor en el corazón?
    ¿Cómo se hace eso de amar sobre todo cuando se trata de
    desconocidos o semiconocidos?
    ¿Amar son tal vez solamente algunos
    impresionantes gestos heroicos?

    24 pequeñas maneras de amar:

    - Aprenderse los nombres de la gente que trabaja con nosotros
    o de los que nos cruzamos en el ascensor
    y tratarles luego por su nombre.
    - Estudiar los gustos ajenos y tratar de complacerles.
    - Pensar por principio bien de todo el mundo.
    - Tener la manía de hacer el bien sobre todo a los que no se la merecerían teóricamente.
    - Sonreír. Sonreír a todas horas. Con ganas o sin ellas.
    - Multiplicar el saludo incluso a los semi conocidos.
    - Visitar a los enfermos sobre todo si son crónicos.
    - Prestar libros aunque te pierdan alguno.
    Devolverlos tú es un compromiso.
    - Hacer favores. Y concederlos antes de que terminen de pedírtelos.
    - Olvidar ofensas. Y sonreír especialmente a los ofensores.
    - Aguantar a los pesados. No poner cara de vinagre escuchándolos.
    - Tratar con antipáticos.
    Conversar con los sordos sin ponerte nervioso.
    - Contestar si te es posible, a todas las cartas.
    - Entretener a los niños chiquitines.
    No pensar que con ellos pierdes el tiempo.
    - Animar a los viejos. No engañarles como chiquillos,
    subrayar todo lo positivo que encuentres en ellos.
    - Recordar las fechas de los santos
    y cumpleaños de los conocidos y amigos.
    - Hacer regalos muy pequeños que demuestren el cariño
    pero no crean obligación de ser compensados con otro regalo.
    - Acudir puntualmente a las citas aunque tengas que esperar tú.
    - Contarle a la gente cosas buenas que alguien ha dicho de ellos.
    - Dar buenas noticias.
    - No contradecir por sistema a todos los que hablan con nosotros.
    - Exponer nuestras razones en las discusiones
    pero sin tratar de aplastar.
    - Mandar con tono suave. No gritar nunca.
    - Corregir de modo que se note que te duele el hacerlo.

    La lista podría ser interminable
    y los ejemplos similares infinitos.
    Y ya sé que son minucias.
    Pero con muchos millones de pequeñas minucias como
    éstas el mundo se haría más habitable.

    Alicia Acuña